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miércoles, 31 de marzo de 2010

Death coffees

"Todos morimos a tiempo"
(No recuerdo donde lo leí pero creo que es muy cierto)

Nunca me han gustado los panteones,nunca. No me gustan apesar de que en México son coloridos y llenos de flores de todo tipo y mateiales, tampoco me gustan los de estilo estadounidense con una placa al ras del suelo rodeada por pasto, a decir verdad tampoco me gustan  los nichos, ni los mauseoleos, mucho menos me gusta lo que uno debe dejar en ellos. Y mucho menos me gusta ir a uno en donde haya un entierro y los mariachis canten con su voz aguardientosa "La barca en que me iréee (lleva una cruz de olvido) " o "Amor eterno e inolvidable", en fin.

Evito ir al panteón a menos que sea estrictamente necesario. Si cuento las veces que he ido no llegan a diez, desería que no fuera ninguna. Pero no ha sido posible, este ha sido el recorrido:
1

Mi bisabuelo tenía cáncer en la garganta o en los pulmones o en ambas partes, no lo recuerdo.
 Lo recuerdo siempre envejecido con sus lentes de una gruesa armazón de pasta negra que serían la envidia de cualquiera. Tosía con estruendo pero no dejaba de fumar. Usaba siempre un  sombrero e invariablemente me hablaba, entre tos y tos, de un modo dulce, siempre dulce con los ojos llenos de cariño. De repente lo vi escupir grandes flemas o coagulos, no sé que hayan sido. Jamás dejó de fumar. Lo recuerdo sentado en el patio de la casa cobijado por la sombra de la higuera, tosía con todas sus fuerzas pero siempre le vi esa mirada apacible. Cierto día fuimos al rancho a donde él vivía. Un rancho desierto sin nada interesante por hacer, nunca me gustó ese lugar árido y carente de todo. Ese día entramos a la casa, mi mamá dijo "ahí está tu abuelito". Esperaba verlo y que invitara a sentar en su regazo pero no.

Mi bisabuela no tenía la mirada apacible como mi bisabuelo, era una mujer agria, testaruda, envidiosa, casi del tipo de persona que se dice que "No come por tal de no ir al baño" o "Todo lo que come le hace daño" y demás.
Lo común historicamente es que los hombres sometan a la mujer pero mi bisabuela era experta en someter a su esposo y casi a cualquiera. Muchos preferían obedecerle antes que aguantar sus peroratas o sus chantajes. Ella se emepeñó en velarlo en su casa, así que cuando llegamos solo vimos un bulto envuelto en sábanas blancas con cuatro cirios: uno en cada extremidad. Los murmullos llenaban el cuarto. Tiempo después entedí que esos murmullos eran oraciones. En ese entonces yo tenía solo tres años,lo recuerdo perfecto. Siempre he tenido una gran memoria, irónicamente mi primer recuerdo es de mi bisabuela conmigo en sus brazos (a todos les cuesta dar crédito a ese recuerdo pero es muy nítido y yo tenía solo meses). Como lo quedaba de mi abuelo estaba postrado y envuelto en sábanas blancas pues ya no me pudo invitar a sentarme con él y sentarme a lado de ese bulto envuelo como tamal y custodiado por 4 poco agradables cirios no me agradaba.

Mi bisabuelo fue enterrado en el panteón de ese desabrido rancho. Los que llevarían la caja se tardaron más de lo normal porque al parecer no fue tarea sencilla dar con ese terruño.  Y solo mi bisabuela sabe que arreglos hizo para el funeral, le preguntaría pero murió en la víspera del año 2000 con casi 100 años.Pero nunca dejó sus mañas chantajistas ni su envidia, se lo llevó a la tumba. Yo no fui a su entierro.

"Tu abuelito ya está en el cielo" era lo que bajo los rayos del sol mi mamá tenía a bien decirme. Era verano, el sol simplemente fulminaba, ahora que recuerdo ahí no surtía efecto el protector solar.

Una de sus hijas se quiso tirar a la fosa, recuerdo su desgarrador ¡¡¡papá!!! y su ¡¡¡¡llévame a mí!!! A mí el sol me irritaba la piel, la tierra derretería mis zapatos pero solo alcancé a preguntar si mi abuelito ya no tosería, mi mamá me dijo que no con esa certeza que tampco sé de donde pero las mamás la sacan. Para mí esa respuesta fue perfecta, si bien siempre lo vi apasible y cariñoso conmigo algo en mi enteder de niña de tres años me decía que escupir sangre  y toser más fuerte de como sonaban las camionetas que anunciaban que vendían naranjas, o sandías no era bueno.

Ese fue mi primer cafecito con la muerte. Primero mi bisabuelo.

                                                                     2

Mi abuela Elena (Hija de mi bisabuelo de los párrafos de arriba) no quería que yo naciera pero dicen que la vida no cumple antojos y que al que escupe para arriba le cae su saliva... terminó adorandome y yo a ella. Siempre la recuerdo. Ella me llamaba del mismo modo que mi bisabuelo. Ahora que lo recuerdo tenían la misma boca, la misma mirada. Eso es algo grandioso de la genética. Pienso que la genética puede ser maravillosa o detestable. El que mi abuela tuviera la misma mirada y los mismos labios dulces y amables de su padre me son de las razones por las que pienso que la genética es maravillosa.

Cuando cursaba la secundaria comencé a distanciarme de ella, no porque no la quisiera sino porque no estaba de acuerdo con las desiciones de vida de mi madre y yo apoyé a mi mamá. Compartía muchos puntos de vista con mi abuelita: tampoco quería que mi mamá se casara, no me hacía gracia pero ¿Si no la apoyaba yo, quién iba a hacerlo?  Yo haría mi vida: al terminar la prepa estudiaría inglés, luego si me daba tiempo tendría coqueteos con el francés y después dejar mi ciudad, mi zona de confort y si pasaba los exámenes iría por mi piercing. Era ella la que se casaba, debía respetarlo si un día unía mi vida con  alguien desearía el mismo respeto.Mi madre se casó, nuestras vidas tomaron otra dinámica. Fue extraño porque dejamos de vivir entre mujeres para tener a su esposo. Pero es eso su esposo, yo tenía una mamá y una abuelita.

Mi abuelita, porque es lo que siempre será. Primero tuvo cáncer de mama, tuvieron que quitarle un seno. Aparte de los panteones detesto las cirugías. Años depués el desgano y cansacio eran frecuentes en ella. En ella que cada mañana tenía dispuesta la mesa con pan dulce, jugo y leche. En ella que cada tarde le hablaba a sus plantas y las regaba . En ella que se sentaba a bordar. En ella que cada tarde hacía tortillas de harina y los fines de semana horneaba pan. En ella que no conocía las siestas ni el levantarse después de las siete de la mañana. En ella que me cuido siempre, que me preguntó durante 17 años como me había ido en la escuela.En ella que siempre que pudo fue a ver las funciones del grupo de teatro en el que estaba, en ella que me presumía como si fuese el diamante de un anillo. En  ella que toda gripe podía curarla con caldo de pollo. Ella inagotable un día casi se desploma. Mi mamá la llevó inmediatamente al doctor. Esperé sentada en la sala viendo la pared hasta que regresaron. Mi abuelita se veía como si tuviera todas esas siestas que no tomó acumuladas. Se fue, por primera vez en 17 años a dormir e incluso me dijo que trataría de levantarse para hacer tortillas de harina. Mi mamá apenas se durmió mi abuela me lo dijo sin rodeos "cáncer pulmonar en fase terminal". Se había expandido de una manera tan inusual que por eso no se habpian presentado los signos de la enfermedad. No lloré,solo sentí mi pecho oprimirse y tome la mano de mi mamá. A partir de ese día fue una carrera veloz hacía la muerte. Era verano de nuevo. Era mayo. Yo no quería que falleciera el 10 de mayo en el día de las madres, ni el 15 de mayo día del maestro porque mi mamá es maestra y es un día de fiesta en mi familia. Todas las noches pedía "que no se vaya el 10, que no se vaya el 15" Todas. Hicimos todo. Estuvo en casa  porque los doctores dijeron que no tenía caso tenerla en el hospital. En mi casa se acondicionó un cuarto con todo lo necesario. Fue empeorando. A mí no me gustaba verla, mi mamá me decía que le dijera cuando me iba y cuando regresaba de la escuela. Pero yo no podía. Todos los días le pedía a la vida, que la cuidara, que nada le doliera. Pero no le decía nada a ella. Lo más que podía hacer era quedarme petrificada en el marco de la puerta, solo veía. Nnunca pude cruzar el umbral.

Me podía mucho ver como mi mamá tenía que bañarla, cambiarla, alimentarle, limpiarle las comisuras. Todo. Mi abuelita siempre dijo que no quería llegar a eso y lamentablemente pasó. Apesar de que salieron cuanto doctor, enferemero, terapista, yerbero, fan de las gotas de quien sabe quien a la carga, ella no quiso que nadie que no fuera mi mamá la bañara e hiciera todo lo que había que hacerle, así fue. Tampoco quiero llegar a eso y de llegar quiero que exista alguien con la suficiente confianza y el excesivo amor como para que pueda cambiarme un pañal.

Fue 10 de mayo, ese día mi abuela se levantó, con muchas complicaciones pero lo hizo. Le cantamos las mañanitas, pusimos música e intento bailar (le gustaba bailar el moño colorado). Comimos pastel de fresa porque era su favorito. Comió pastel, felicitó a todas las mamás. Luego de eso se sumió en sueño profundo. Mi mamá se debatía entre mantenerla conectada al respirador o no y les puedo decir que es una de las situaciones más complicadas que he vivido. Mi mamá decía que sí y en cuanto se disponían a quitar el oxígeno gritaba que no, luego la veía desgarrase en dolor y reconsideraba, al final decidió que no. Un día acompañé a mi mamá por un sacerdote. Fue la primera vez que vi que le dieran a alguien los santos oleos. Fue 15,no hubo fiesta. Llegó el 16. Ya toda la famila estaba aquí. Al regresar de la preparatoria me disponía comer. Estaba molesta porque la noche del 15 mi abuelita había abierto los ojos y se despidió...  pedí que me despertaran a la hora que fuera, mi mamá no lo hizo. Yo entraría a despedirme en cuanto su habitación se desocupara pero sus hermanas e hijas estaban adentro rezando y llorando. Apenas iba a tomar el primer bocado de mis papas fritas con tomate, mi mamá me había dicho que unos minutos saldrían mis tias y entrara a despedirme. Ya no me vería pero lo haría. Me llevaba el tenedor a la boca cuando un ¡¡mamá!! ensordecedor e infinito llenó la casa. Entré al cuarto, la vi expirar. En un acto reflejo, casi como una momia, se incorporó, abrió la boca, jaló aire lo más profundo como si jalalara la vida... fueron segundos en que vi mis 17 años con ella. Luego de esa bocanada volvió a estar postrada. Ya no estaba. No lloré. De los ojos de mi mamá salían lágrimas que pensé jamás tendrían fin. Sin embargo se fue a preparar todo. Me fui como zombie a mi cuarto. Desde el techo vi llegar el servicio médico forense y vi como la sacaron.
Al otro día había que ir al panteón. No quería, me da miedo, me da miedo el hecho de dejar ahí a la gente.

Una vez mi abuelita me dijo "Cuando uno se muere se queda en el corazón de quienes nos quieren, el cuerpo no importa y el luto se lleva el corazón  no en la ropa negra". Recordé eso cuando saqué un pantalón negro pero usé una blusa color perla. Aunque ella ya no estuviera en casa sino en mi corazón era horrible dejar su cuerpo ahí. Fue hasta entonces que se me salieron las lágrimas.
Cuando regresé a casa hice lo que una amiga me dijo : le reclamé a la vida, maldije, estrujé almohadas, tomé un baño hasta quedar como viejita y me tomé un té, una taza con té que me tardé horas en terminar.

Ese fue el segundo café con la muerte. Pero fue el primero consciente y es horrible saber lo que en verdad ocurre. Ese día detesté la filosofía, la detesté porque ya no me permitía sentir esa paz que sentí cuando mi mamá me dijo que mi bisabuelo estaba en el cielo.Más tarde la misma filosofía me hizo tragarme mis palabras porque tuve la incierta certeza de que ya estaba bien, sea lo que fuese en donde quiera que estuviera.. y la seguridad de lo incierto no es otra cosa más que fe.



                                                                               3
Medio año después falleció un tio. Su hijo siempre me decía "Tú no tienes papá" yo no le contestaba porque simplemente no sabía que contestar y al final del día eso era cierto. Su papá era mi tio y me quería mucho pero era eso. Mi mamá siempre ha sido clara con los roles: mi abuelo es mi abuelo, los tios son tios, su esposo es su esposo y mi papá fue un proveedor de un espermatozoide, al cual yo después le menté la madre y le dije que era un mal parido pendejo que no se merecía lo bueno de la vida y que lo único bueno que había hecho era yo  y que nie él merecía tener a alguien como yo ni yo a un pendejo como él(en fin esa es otra historia).  Mi mamá me decía "dile que sí tienes papá pero que no vives con él" "Dile que todas las familias son diferentes"  Nunca le dije nada. El día que mi tio murió yo seguía en la prepa, hubo paro de transporte público a manos de los estudiantes. Me llamaron de mi casa al celular en horas de clase,algo iba mal, me querían en casa ya en ese minuto. Tuvieron que ir por mi. Nos tardamos en llegar por el paro. Al llegar lo supe, el ambiente no mentía y pregunté por mi mamá, nadie sabía nada y grité ¡Cómo que nadie sabe dónde está mi mamá, quién le avisó, quién está con ella" Llamé a su trabajo, mi mamá andaba identificando el cuerpo porque su hermano había fallecido en su primer día de trabajo. Me calmé. Necesitaba estar entera para ella. Preparé café, guardé en una carpeta los papeles de la funeraria (esos que cuando fue mi abuela el sentimiento no nos dejó encontrar). El portón se abrió: eran mi mamá con mis primos. Mi prima se abrazó a mi y lloró como jamás lo ha vuelto hacer. Mi primo antes de llorar me dijo "AHORA SOY YO QUIEN YA NO TIENE NI TENDRÁ PAPÁ JAMÁS". Se me hizo un nudo no sé si en el estómago, en la garganta o en ambas partes a la vez. Solo los abracé y volteé a ver a mi madre.  Ella estaba desencajada. En cuanto mis primos me soltaron abracé a mi mamá, la llevé a su cuarto, la recosté.

Fue cuando mi tio falleció que caí en la cuenta de que mi abuela hacía ya seis meses que no estaba. Entonces lloré. Lloré todo lo que no había llorado. Tuve una semana ininterrumpida de pesadillas, me daba miedo que me diera sueño.
Un día los soñé a los dos me dijeron que estaban bien. Las pesadillas se fueron.No han regresado, tampoco he vuelto a soñarlos.
Nunca le pude decir a mi primo que se pude vivir sin un padre porque él si lo tuvo y solo se puede aprender a vivir con la ausencia.

Ese fue mi tercer café con la muerte.


                                                                          4

Ella llegó para alegranos la vida. Una pequeñita que sencillamente te robaba el corazón, me lo robó incluso a mi "la distinta, fria. distante e inexpresiva de la  familia, la que no quiere nadie, la que nadie saca de su cuarto y la que siempre dicho que si le dieran a elegir a su familia tal vez no escogería ni a la mitad de los que tiene." La familia (los primos, los tios, las tias que te jalan las mejillas, los que te hacen malas pasadas) Son algunas de las razones por las que detesto la genética, ese vínculo que por más que uno reniegue no se diluye. Siempre he dicho que los amigos si eligen y siempre he dicho que fuera de mi mamá y algunas cuantas personas más prescindo por completo de toda la parentela. Si ya me detesteban afortunadamente caí de su gracia el día que media parentela se enteró de mi gran anuncio.
 Mi primo y su esposa la adoptaron una niña con hidrocefalia pero podría llevar una vida muy normal. En ella no había rastro de cirugías ni se le veía la cabeza grande como se le ve a la mayoría. Su sonrisa simplemente te mataba cualquier mal día, cualquier día 28, todo. Y mis primos tenían los medios para atenderla lo mejor posible. De hecho mi primo era su médico y su esposa la rehabilitadora  (Trabajan en un archifamoso hospital que se dedica a trabajar con niños con capacidades diferentes). Su mamá la había abandonado (ahí yo dije: ven como los vínculos genéticos no te garantizan nada ¿y los tíos y los parientes de esa bebé dónde estaban? Pues no sé. Pero agradezco el día que mis primos la adoptaron.

Amaba mi llavero de vaca  y se reía a carcajadas cuando le apretaba la panza y la vaca mugía. Le gustaba enredarse mis bufandas, ponerse mis gorras, mis sombreros y yo nada le negaba. Mis brazos estaban para ella, mis vacas para ella, mi cuarto para ella, un pedazo de mi corazón era de ella. Y no faltó quien comentara que la quería tanto. Pues sí, yo la amaba pero el amor surge y esa niña conoció mi parte dulce que aunque muchos lo duden, existe.

Se supone que no caminaría pero ella contra todo pronóstico y ayudada por una mini andadera era incansable. Solo veía como sus pequeños pies corrían. Y ella se reía feliz de la vida.

Un día la vávula que dreana el agua se infectó al operarla descubrieron otras malformaciones y tuvieron que operar más. Yo no quería ir a verla no por no verla sino que no me agradaba en lo más mínimo ver su cuerpecito de casi 3 años entubado y en una cama de hospital pero era mi niña y fuimos. Tenía semblante de hospital, sinembargo sonrió y me llamó por mi nombre, el malestar no le permitió deshacerse en carcajadas por el mugido de la vaca, intentó quitarme la bufanda. Le dije que cuado saliera le daría mi sombrero ese que tanto le gustaba. Al salir dijo Bye. Ya camino a casa el esposo de mi mamá dijo "Está excelentemente atendida pero es una bebé y los bebés y los ancianos no resisten la entubación. Yo la vi agitada. Ojalá todo salga bien" Sentí un escalofrío recorrerme de punta a punta y de nuevo sentí esa opresión. Desvié la sensación comentado que aun en esos momentos no perdía el buen humor. Pedí de nuevo que ella no se fuera, así como pedía que no se fuera mi abuelita.
Al siguiente día falleció. Yo revisaba mi correo cuando mi mamá entra al cuarto y me dice "falleció". Se me escurrieron las lágrimas , la nefasta opresión en el pecho había sido certera de nuevo.

No sé como pero en un momento estaba ahí a lado de su cama de hospital, ella estaba dentro de una especie de bolsa. Las enfermeras lloraban. Mi primo que es médico lloraba con esa especie de sentimiento que solo un padre que es médico puede exponer. No se lo pregunté pero estoy segura que repasaba cada paso de lo que se había hecho. Oia el llanto de todos, el de los de afuera, el de las enferemeras que me dejaron a solas con ella (yo no se los pedí pero lo hicieron). La vi en la bolsa, con sus ojos cerrados, de repente le acaricié la mejilla y comprobé que cuando uno se muere todo se congela, todo. La última vez yo estaba con una amiga en la sierra, ella me dijo que tenía mucho frío, que siempre tenía los pies frios y lo comprobé: estaba helada, sus pies eran lo más frío que había sentido...fueron lo más frío que habia tocado hasta que toqué lo que quedó de ella. Es un frio que detiene todo, que te cimbra el piso sobre el que estés de pie, es un frío tan contundente que una vez que lo sientes no hay duda de la ausencia.

Fue un funeral bonito. Lanzamos globos al cielo. Ahí si lloré. Su mamá me pidió que guardara el llavero de vaca, no tenía que hacerlo y que jamás me deshiciera del sombrero, tampoco pienso hacerlo. El corazón se me hizo pasa cuando su mamá dijo "Gracias por dejarme ser tu mamá" y pensé "Gracias por dejarme ser tu prima/tía"

Ese fue el cuarto café con la muerte. Y no han pasado ni 4 meses, aveces me descubro pensando si de verdad pasó.

"El luto se lleva en el corazón, las personas que mueren se quedan en el corazón de quienes les quieren" Mi bisabuelo, mi abuela, mi sobrinita viven en mi corazón. Con algunos pasé un tiempo breve, con otros casi todo lo que llevo de vida. Pero me han marcado y viven en mí. A mi bisabuelo jamás lo he ido a visitar, no creo hacerlo. La tumba de mi abuelita la visité cuando murió mi tio y un par de veces más. No he vuelto. Cuando  va mi mamá le digo que ponga rosas rosas, las favoritas de mi abuela. No siempre hay rosas rosas, si no hay que no ponga nada de mi parte. La tumba de Joey tampoco he ido a visitarla pero mi llavero de vaca siempre va conmigo. Ella va conmigo, ellos viven en mi corazón porque vaya si les amé.

No me han gustado, no me gustan y no me gustarán los panteones. No son bonitos, hermosos, preciosos ni confortables, no guardan nada de todo de lo que con las personas compartimos aunque nos guste pensar lo contrario

Por lovb #o.K! marzo 30 2010 (12:12) (Porque aveces extraño, aveces hay días azules y aveces siento que no me he aprendido a vivir con sus ausencias)

1 comentario:

Marlene dijo...

¡¡Santo cielo Vivi!!! pero si has dejado toda tu vida aqui plasmada. A mi tampoco me gustan los panteones :$
¡Sabes? yo también tengo un recuerdo de cuando era una bebita (todavía) de meses, te lo juro me acuerdo perfecto y nadie me cree.. con el tiempo empecé a convencerme de que era imposible y ahora que leì esto, no sabes!! realmente me sorprendí.
No soy la única entonces :)

Un abrazo, nos leemos luego.
Bye!!!