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martes, 4 de enero de 2011

No sé cocinar arroz

últimamente he visto en diversos lugares unos colgantes para la puerta que palabras más, palabras menos rezan "En casa de mis abuelitos siempre hay galletas, leche y mimos", se ven lindos los colgantes pero ya no es un artículo que pueda regalar pero eso no me impide recordar.

Mi abuela era una mujer que estaba reticente a mi llegada a este mundo y en un afán de los clichés por imponerse cuando llegué a casa "le robé el corazón", eso es lo que dicen porque no lo recuerdo.

Ella me cuidaba, me preparaba para que pudiera salir corriendo cuando el claxon del transporte escolar sonara y allá iba con mi cabello relamido, mi ropa blanca blanca y los zapatos lustrados. La ropa la lavaba mi madre, los zapatos me enseñó a bolearlos a conciencia y el moño de la bata siempre debía estar perfectamente formado, mi abuela detestaba las asimetrías, los cabellos fuera de lugar, los zapatos sucios.

Tenía manías como las tenemos todos pero sus manías las recuerdo con cariño, quizá porque eran manías de abuela. Mi abuela se crió en una familia extensa, con una madre castrante que le enseñó a cocinar,a bordar, a sembrar, a elaborar pan en el "acero", a limpiar y ordenar una casa. Cuando ella tenía 17 años mi abuelo se la robó: así sin más ni más la subió al caballo y le colgó los botes con la ropa.  A mi me fascinaba esa historia, mi abuela decía que afortunadamente sí le gustaba mi abuelo sino no sabe como hubiera sido la vida. Pues creo que fue buena porque tuvieron 16 hijos.

Fue de su madre castrante que mi abuela aprendió casi todo lo que supo. Y aunque terminó la primaria después en un programa para adultos siempre supo leer, escribir,  hacer las cuentas con una maestría asombrosa. Me tocó que un par de veces me regresó a la tienda porque no me dieron correctamente el cambio.

Si bien mi madre siempre ha estado al pie del cañón, cuando no estaba, mi abuela no se daba el lujo de ser permisiva: "Lávate los dientes", "Recoge la pijama", "No andes despeinada", "No pises el barretón de los zapatos" (como odiaba que pisara el talón de los tenis o los zapatos, creo que eso podía ponerla fúrica), "Tienda mija´ cama" (no le importaba que la dejara toda llena de bordos) decía que alguna vez me quedaría bien y que había aspectos que una podía hacer.  "Comete la sopa", "No te sirvas más de lo que vas a comer no es bueno tirar la comida" todo eso lo escuché de la voz de mi abuela.

También me quiso enseñar a elaborar tortillas de harina pero nunca aprendí a coser sino dignos mapas de harina. Cuando estaba con ella en la cocina me decía "Esos sartenes son para sopa, aquellos para freír, en esos solo se sirve agua, esas cucharas solo son para menear esto o aquello" todo dicho de buena gana y me heredó algunas de esas manías, una vez me sorprendí diciendo a una prima "qué no sabes que esos son sartenes para HACER S O P A" y alguien dijo "TE OÍSTE COMO HELENA". Claro que me tuvo que heredar mucho si vivimos 17 años juntas, 17 años que no me lo parecen hasta que los veo a la luz del recuerdo.

De las matas no se diga, mi abuela en las latas de chiles jalapeños siempre veía una maceta en potencia y de los anticonceptivos ni se diga, quizá ella nunca los usó, sino no hubiera tenido tanto hijo pero ah como bien sabía que ayudaban a las plantas. Mi madre se enojaba porque le decía que entonces para qué tanta maceta si las latas de los alimentos terminaban en el jardín. Y las plantas siempre florecían, y las vecinas venían llenas  de gusto y envidia a pedirle un botón, un retoño, una ramita. Mi abuela les daba las flores porque decía que luego les hacían ojo.

Sus dotes culinarios eran exquisitos, si bien fue perdiendo el sazón cuando se enfermó, siempre me fascinaban sus ocurrencias, de mi abuela, aprendí antes que de cualquier programa de cocina por televisión esa sonada frase de "sustitúyalo por lo que tenga en su cocina". Me sorprendí la primera vez que la vi dorar las tortillas para hacer tostadas, cuando en vez de pavo rellenó un pollo, cuando me dio huevo revuelto con queso, cuando me dejó comer con galletas en lugar de tortilla. Y como dejar de lado que siempre tenía el tacto de apartar un ración sin picante, una pieza de pollo dorada, una ración para niños. Nunca aprendí a hacer arroz, nunca y hasta la fecha no lo sé hacer porque decia mi abuela "el arroz batido no es arroz" creo que parpadeé cuando me dijo eso que hay que hacer para que no se bata.

Cuando el microondas llegó a nuestras vidas mi abuela fue la más feliz, lo primero en meter a ese artefacto: palomitas. Mi abuela y yo nos sentábamos a ver los programas con un enorme tazón rebosante de palomitas, mi abuela ponía el maíz en un sartén y yo vigilaba a lado el tronar. Cuando llegó el microondas comíamos palomitas a cada rato, mi abuela fascinada y era fan de las palomitas con mantequilla extra, con queso cheddar, con chile piquín y demás.

Nunca me pudo inculcar el gusto por la crema de cacahuate pero no se puede todo.

De ella aprendí a hacer pactos con la ficción, una vez veíamos "televiteatros" y "la hora marcada" comencé a hacer pucheros porque quería llorar y me dijo "llora, si quieres llorar llora", desde ese día lloré sin tapujos en el cine, cuando leía o me botaba de la risa a carcajadas. Cuando comencé a actuar me daba por permanecer en papel todo el tiempo e incluso aveces me ponía el vestuario, mi abuela me ayudaba: si el personaje se llama María me decía María, era genial.

Dicen que los padres son para criar, los abuelos para consentir, para mi mis abuelos y mi madre han sido para ambas cosas. Mi abuela me enseñó mucho pero nunca aprendí ni a cocinar arroz, ni a hacer tortillas de harina ni a bordar. Ella le decía a mis primas "ya sabes arroz ya te puedes casar", pensaba que era muy enserio y desde muy temprana edad casarme nunca ha sido uno de los planes centrales de mi vida, sin embargo se los decía con tanta vehemencia que le dije un día "Abue, si no aprendo a cocinar el arroz, nunca voy a poder casarme" y me dijo "Sabes hacer mucho más y aprenderás a hacer otro montón",me dio un beso y dejé de preocuparme

4 comentarios:

Fernando Manda dijo...

Yo no sé, pero si mi futura esposa no sabe hacer arroz, va a sufrir un resto... ok no.
Yo sólo conocí a mi abuela materna, falleció cunado tenía 12 años, no recuerdo mucho de ella, pero lo poco que recuerdo es muy grato. A veces uno no se da cuenta de muchas cosas hasta que ya pasa algún tiempo (lamentablemente), pero por lo que escribes se ve que disfrutaste bastante la compañía y las manías de tu abuela. Espero la recuerdes así por mucho tiempo.
Y ya me largo.
PD. Yo conseguí una estampota que dice "éste hogar es alcohólico", pero mi jefa no me ha dejado pegarla.
PD2. Porqué posteas tan temprano?!!

Ahora si me voy. Paz.

mariposa dijo...

Yo tambien amo a mi abuela, ella me enseño desde leer hasta patinar pero nunca a cocinar haha...tampoco se hacer arroz pero las quesadillas me quedan de lujo ;) saludos

Marlene dijo...

Ahhh! amo que la gente hable bien de las abuelas, los abuelos. Creo que has podido constatar en mis escritos los que mis viejillos significan para mi :)

JA! amé los de las macetas en latas de chiles. oowwwnn!!! :}

Bueno, yo que te digo. Sería demasido presuntuoso alardear de mis ARTES culinarias
( de cocina ¡O.K.? )

Para MI, no hay nada más fácil que hacer arroz. En cantidades industriales obvio.

Un beso amiga

Frank Churchill dijo...

Encantador homenaje a tu abuelita n_n.
Oh yo tengo pocas memorias con mis abuelitas, pero todas esas ocasiones las recuerdo con gran cariño y leer tu texto me ha emocionado, seguro que tu abuelita era una gran cocinera.

Además leer tu entrada me hizo sonreír porque casualmente acabo de empezar una sección en mi blog sobre gastronomía, dando recetas con ayuda de personajes histórico (esta vez fue el turno de Picasso y su novia, pero tengo planeado hacerlo también con María Antonieta, Dr. Seuss, Proust, Catalina De Medici, Da Vinci y algunos más) y precisamente la primer entrada es una receta de arroz a la valenciana, si tienes tiempo consúltala y me das tu opinión de la sección vale?... espero que tengas una excelente semana

Sonrisas