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lunes, 24 de enero de 2011

Si me siento mal te llamo, vale

Cuando menos lo quisiéramos el invierno terminaría y para nosotras el suplicio de las alergias que trae consigo la primavera nos aquejaría como cada año, eso lo sabíamos muy bien, por ello estábamos ahí en el consultorio homeópata. 


Drel llevaba días quejándose de malestar, se lo adjudicaba a alergia, yo, cliente frecuente de las mismas, me rehusaba a creer en una alergia primaveral en pleno invierno pero estoy lejos de ser doctora. Drel insistió en ir con "mi" homeópata, accedí, aunque no sabía si atendía en sábado, la última vez que tomé tratamiento homeópata solo me mandaron el medicamento con todas las indicaciones detalladas, incluida un "La doctora podría gustarte"


Cuando llegamos al consultorio no había más que un farmacéutico y un par de jovencitas, "la doctora llega a las 12" A las 12, decidimos esperarla y cambiar nuestro desayuno por una comida.


Drel contaba los pañuelos desechables por montones, los ojos se le ponían cada vez más rojos, el reloj avanzaba lento, el hambre se acentuaba y los pacientes llegaban de manera copiosa, lo bueno: primeras en turno.
Apenas hacía del conocimiento de Drel que  en estómago solo había un café que ya se había digerido hace mucho tiempo cuando "Y bueno qué es lo que te molesta" cortó nuestra platica.
Me olvidé del digerido café, la doctora estaba ahí: alta, delgada, con un cuerpo atlético. Podía preciaerse de ser una de esas pocas mujeres que se ven fantásticamente bien con el cabello corto, usaba unos aretes diminutos. Los jeans que vestía no podían marcar de una manera más que perfecta sus formas. A pesar de que usaba una sudadera amarilla se veía fabulosa, de su cuello pendía en un nudo exquisito una bufanda de las que en las tiendas se han empeñado en denominar gruesas. De su voz con un notable pero diludo acento español oía las preguntas que realizaba a Drel, la veía embelesada: sus ojos miel, en esa piel avellana, sus jeans que dejaban ver unas piernas largas con unos músculos torneados y esa presencia, ese porte que no podía sino ensoñarme, incitarme a imaginarla desnuda e igualmente perfecta. "Entonces los intercalas: estos a las horas pares y estos a las horas nones. Ahora no hace mucho frío pero si te duele la garganta usa una bufanda, son muy recomendables, que no te importen si te juzgan loca" Fue cuando dejé de verla como una diosa, volví a la realidad, pero aun en la realidad me parecía perfecta y ese dominio que tenía del lugar... Entró a su oficina, regresó con unas tarjetas y unos calendarios de bolsillos, le dio un par a Drel, otro a mi. Estuve tentada a sostener sus manos entre las mías por más del tiempo que lleva tomar algo porque su piel era tan suave y el contacto visual tan imponente que no dudo que se haya percatado que me tenía embelesada.


"Si tienes cualquier malestar o duda, no dudes en llamarme, sin pena, vale", eso no era para mi pero como mero pretexto pregunte cuando me podía presentar que me diera el tratamiento para la alergia. "A finales de enero o la primera semana de febrero", me dijo. Nunca me habían dado ganas de sentirme mal.


Drel salió fascinada, la mujer no pudo parecerle más encantadora, se percato del cuerpo esculpido a mano que la doctora posee, se jactó deliciosamente de cada una de sus formas. Solo pensaba "que bueno que no la escucha su novio porque del cuerpo de su novio al de la doctora me quedo con el de la doctora" pero le dije "Hey, tú tienes novio, déjame a mi la doctora"  Drel objetó ser heterosexual no ciega, sus comentarios me hicieron pensar que Freud había tenido sus razones para decir que todos somos bisexuales.. Yo solo sigo pensando que ya sea febrero y después pretexto, para volver a verla, que necesito una revisión urgente que alivie mi malestar.




By Lovb (2011)

4 comentarios:

Frank Churchill dijo...

Yo siempre he pensado que es un mito eso de las doctoras y enfermeras extremadamente lindas, yo también soy un asiduo cliente de las alergias (vamos que hasta el sol me produce alergia) y mis múltiples visitas a doctores nunca me han llevado a una sobredosis de belleza ¿la sudadera amarilla era como la de la novia en Kill Bill?... Yo también creo en lo de la bisexualidad para todos!!, de hecho siempre he pensado que si nunca he tenido atracción por algún hombre es que nunca he conocido a uno lo suficientemente encantador y todas mis novias han sido bisexuales, así que cada vez dudo más de la heterosexualidad real.

Saludos!!

Marlene dijo...

Amiga, ya casi es febrero. Saca tu cita please.

jaja!! aggh!me encantó este relato, con un toquecito de erotismo muy muy fino, pero erotismo al fin... ya sabes que a mi eso de la cachondez casi no se me dá... casi no, la verdad. Ojala! :P

Ruego por una segunda parte de este relato :P

besos grandes

Nameless dijo...

Acabo de dar con tu blog, ya no recuerdo ni cómo! pero me encanta!! Amenazo con volver.

LoVB dijo...

Marlene, nunca la prisa porque fuera febrero me maataba ( e ironía, no me siento mal) ahhhhhhh.

Besos de regreso.


Mr. Churchill, oiga usted, no, nada que ver con Kill Bill, una mujer muy "común" pero quela vida me ampare y mis mejillas no me delaten porque ah cómo estaba fuera de este mundo esa mujer.

Nameless.

Bienvenida, vuelve cuando quieras, aquí ando. Gracias por el comentario.


Banda, saludados quedan. huyo, pues.