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martes, 3 de mayo de 2011

Estimada e inolvidable maestra

Maestra Lupita:

En este tiempo, que afortunadamente hacen ya muchos años de que dejaste de ser mi maestra, me voy a permitir hacer de tu conocimiento, todo lo que en mi generaste. Debiera comenzar por decirte maestra Guadalupe y no ese nefasto y empalagoso Lupita ¿Por qué dicho afán, acaso laureada maestra era la manera de granjearte un cariño impuesto que de voluntades propias nunca iba a emanar? No sé.

No, maestra, no pienses mal: el desagrado que tu persona me genera no fue ni mágico, instántaneo, fortuito, por tu maraña de cabello, tu ropa fuera de moda (solo haciéndote ver mayor), ni que tuvieras el cabello de algún color poco usual como el de la maestra del kinder que con su cabello pelirrojo y su gran estatura parecía una muñeca de aparador que nadie compra pero ah como decoran...si alguien regala unas de esas muñecas termina en un rincón con un trapo cubriéndole la cara. No maestra, mi desagrado hacia ti no fue tan vano, te lo ganaste a pulso.

Recuerdo que siempre nos decías "en el salón de clases no se come" y peor aún: confiscabas nuestros dulces que sobraban del receso aunque solo los vieras en nuestros pupitres ¿A dónde iban a parar? A tu boca que los engullía sin remordimiento, por si no te fuera suficiente, "don chacho" el de la limpieza, te silbaba desde el patio, como se hacía cargo de la tiendita, te surtía de cuanto se te antojaba y te lo comías delante de toda la clase, pero claro "en el salón de clases no se come", debiste ser más asertiva: "El el salón de clases los alumnos no comen"

Tampoco era tu cara llena de paño ¿Cuántos años tenías, maestra? ¿30, 35? No eras vieja pero me lo parecías y tu carácter más agrio que un limón solo incrementaba tu edad.

Nunca fui buena con los números, nunca me aprendí las tablas: nunca aunque consideras infalible esa manera de ejemplificar las tablas con sopa de estrellitas o de coditos o de lo que fuera ¿Nunca te percataste de lo pesado que se hacía el cuaderno con tanta plasta de sopa?, ¿Nunca te pasó por la cabeza lo nefasto que era? ¿Nunca, ni por error caíste en cuenta que ya en la tabla del 5 era mucha sopita pegada y muy poco práctica? Cuando llegamos a la tabla del 10, ejemplificada con sopa, supe que no. O si te dabas cuenta, amabas torturarnos. Siempre me preocupó que mi cuaderno sobreviviera a tanta plasta, que el lomo resistiera el peso, por las operaciones jamás.

Como no aprendí a multiplicar, no aprendí a dividir. Una vez tenía ganas de orinar, pedí permiso para ir al baño pero me dijiste "primero resuelves el problema y luego vas al baño" como no pude porque no supe y no me volviste a explicar se me hizo una infección terrible en las vías urinarias: no solo por esa vez, sino porque jamás volví a pedir permiso para ir al baño durante clases, nunca oriné entre clases: o era en el recreo o si me daban ganas me esperaba hasta la salida.

Una vez en el transporte me tiraron sobre la mochila un vaso lleno de chocolate con leche, mis cuadernos y libros quedaron todos manchados, se hicieron duros. No me dejaste pasar al salón, ni me mandaste a mi casa, me dejaste afuera, viendo la clase desde la ventana y amenazaste "que ni se me ocurra moverme o ya vería como me va ir"...ese día me revisaste la tarea, mi madre se había esforzado mucho para que hiciera las divisiones, como mi cuaderno era un muestrario de manchas de leche con chocolate me pusiste un cero enorme a lo largo y ancho de la hoja, claro en color rojo, con una de esos colores que con un hilo se les quita el papel. Ese día solo quería pasar a  tercer año y dejarte atrás con tus modos nefastos de dar clase, tus dulces guardados en el cajón del escritorio y tu amor frustrado.

Te detestaba porque tus alumnas favoritas eran demasiado favoritas y no disimulabas. No tenías miramientos para hacernos saber que ellas "comían en un plato aparte" y el resto de nosotras no éramos sino simples e insulsas mortales.

Por todo ello te fui detestando, sin  embargo, un día del maestro me reclamaste por no darte un beso y un abrazo. No maestra, no te lo merecías. Tampoco nos inspirabas a llevarte una manzana o un recuerdo de nuestros posibles viajes en vacaciones. Eras nefasta.

Pasé a tercer año, no me despedí. No fui con mi mamá el día de entrega de calificaciones finales. Nunca pasé a visitarte. Años después me topé contigo, parecías atrapada en el tiempo, te veías patética, finales del siglo XX y tu con ese horrible uniforme del colegio, tus manchas de paño acentuadas, tu tono de voz revienta  tímpanos y tus modos nefastos de enseñar, supongo más agudos. Te acercaste, me preguntaste si me conocías, negué con la cabeza, insististe porque te parecía que sí. Volví a negar, incluso te negué tres veces en una escena más que bíblica ¡bendita fantasía!

Hoy me acordé de ti, mi aborrecida maestra de segundo año, hoy me acordé de ti porque escuché a una niña decir que se le derramó su leche con chocolate sobre su mochila, sus cuadernos se le habían estropeado...la observé, me proyecté; la niña no cursaba segundo año tal vez un cuarto grado. El uniforme era el mismo que años atrás use, inmediatamente pensé que solo tú eres capaz de tal cosa. La niña dijo "me caga la vieja"... Ya no me cagas maestra, sería sentir demasiado.


P.S: Si algún día tienes un hijo o nieto, deseo que no lo dejen ir al baño, que no sepa dividir y lo dejen sin receso hasta que pueda resolver la operación. Que le encarguen maquetas inútiles y hacer esquemas insufribles con sopa. Quizá solo así entiendas lo pinche y aborrecible que eres como maestra.


ATTE

Una de tus tantas alumnas que cuando suceden vejaciones o bullying a manos de maestros, te recuerda.

3 comentarios:

Pamela R dijo...

Cuando comencé a leer el post pensé (imagíname tratando de recordar)… que a mí no me ha tocado ninguna maestra así, pero en eso vino a mi mente una maestra que tuve en 1° de primaria a la que le tenía miedo porque era de esas maestras antiguas que si no contestabas te pegaba con la regla o te aventaba el borrador.

Para mi mala suerte en 1° tuve un poco de dificultad para aprender a sumar y a multiplicar, así que me la pase todo ese año con un miedo a que me pegara, supongo que todos alguna vez hemos tenido algún mal maestro.

Y si a mí me molesta mucho cuando los profes tienen a sus consentidos y al resto los tratan mal.

Afortunadamente hace mucho que te libraste de esa mala maestra, pero ella sigue igual.

Saludos LOVB

Fernando Manda dijo...

No no mames jajaja que pedo con lo de la sopita XD
Chale, el día del maestro le hubieras llevado un vasito con pipí.
De seguro era frígida.

Tu novia dijo...

Pero que... o seaaaaa!!! PINCHE VIEJA DEL MAL!!!! AAAAAARRRGGHHHH!!!!! No mames, pero, aaaah claro que hay un Karma mi amor y se le va a regresar el triple a la mugre vieja del mal!
No hay algo que me empute mas que sean así con los niños (mira que justo hoy te contaba lo de mis niños de 5to...) y saber que A TI te trataron así!!!! Ahh pinche vieja mal cogidaaaaa!!!!! (no, no le digo "maestra" porque, mi amor te aseguro que es todo menos eso!)

-Inhalo, exhalo despacio-

Pero ya no está en tu vida.

Te amo.