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miércoles, 7 de marzo de 2012

Pero si la recuerdas...

-Bueno
-Buenas tardes, hablamos de la casa de asistencia de las monjas de la eterna caridad, se encuentra LoVB

Y entonces sentí como se me erizó la piel. La casa de las monjas de la eterna caridad es para mí un lugar tan fresco en la memoria y tan  pocas veces evocado a los recuerdos...nunca pensé que luego de años me llamarían.

-Ella habla, en qué puedo ayudarle, madre.

La verdad nunca pensé que tuvieran un registro de todas las personas que alguna vez vivimos en ese lugar. Sus métodos parecían tan poco fiables y vagos que siquiera llegué a pensar que llevaran una bitácora. Pues la vida me había vuelto a sorprender: ahí estaban llamándome de la casa de asistencia de las monjas de la eterna caridad. No supe qué hermana o madre era, o no sabían aún que madres quería. Tampoco pregunté, eso era lo de menos, aparte no era la monja que hacía esas empanadas de queso que solo ella.
A esas alturas dudé que me llamaran para interrogarme de la fiesta que me hicieron de despedida, esa en que bebimos a raudales y en las fotos del recuerdo unos papas enmarcan nuestros "sacrílegos y prohibidos actos"

-LoVB, perdón que te moleste es solo que necesitamos de tu ayuda. Está conmigo un muchacho que dice que es el papá de la hija de Diana. Ya la contactamos en los números que tenemos pero nada. Tú podrías decirnos dónde enconcontrarla. Diana, Diana esta muchacha a la que eras muy cercana la recuerdas-

Mi cerebro se quedó pausado cuando la monja dijo Diana...

Cómo olvidarla. Cómo olvidar a esa mujer que me enseñó los trucos de una buena mano de pokar y sobretodo que me enseñó atener cuidado de que mi respuesta no fuera "lo que quieras" cuando me dijeran "qué quieres perder". Fue en una partida de pokar cuando ella me dijo

-Qué quieres perder
-(Sin dejar de ver mis cartas y tentando un mucho a la suerte y a ese palpito del juego) Lo que quieras, le dije.

Ingenuamente pensé que me iba a despojar de mis botes de nutella, que me pediría que limpiara la cocina una semana entera.

-Si te gano me besas

Lo dijo con tal decisión, sin dejar de verme y conociendo el poder de cada una de sus cartas

-Si me ganas te beso.

-¿Por qué no dices si pierdo te beso?

-Porque al final terminaría ganando

Lo había dicho y en voz alta. Era la primera vez que reconocía que esa mujer mayor que yo, de la que solo sabía que era imparable en el pokar, que contaba con un permiso especial para salir todas las tardes porque trabajaba como bar tender, que para mí era un misterio como cumplía con los horarios de la escuela, que alguna vez me gustó su cara para mi clase de foto porque me descubrí sin poder quitarle la vista de encima mientras comía. Los clichés hicieron presa de mí cuando supe que era bar tender: me la imaginé como toda una coyote bailando encima de la barra, no me importó que el bar estuviera situado en una de las zonas más exclusivas de la ciudad: un bar es un bar y peor aún: un cliché es un cliché, la mayoría de las veces mal entendido pero cliché al fin.. Y ya entrada en clichés su cuerpo no estaba mal, incluso las ojeras le sentaban bien, le daban un aire romántico sin la necesidad de beber vinagre. Me gustaba, era oficial: me gustaban las mujeres, me gustaba ella, independientemente de los clichés que la adornaran.

Las monjas hicieron su ronda nocturna o quizá ya iban a rezar porque era muy de madrugada y habíamos convertido la biblioteca en salón de juegos.  Guardamos todo de prisa, me había ganado. Nos fuimos de prisa a nuestros cuartos a "hacernos las dormidas". Ella dormía en el segundo piso, nosotros en el quinto. Llegamos dobladas de risa. Mis compañeras de cuarto no dejaban de comentar lo reñido de  la partida, esperaban que mi suerte de principiante me hiciera ganarle la partida.

Tocaron a la puerta y casi como acto reflejo nos metimos cada una  a nuestra respectiva cama.

-Hey, no se asusten, las monjas ya se fueron. Vengo a cobrar.

Mis compañeras se me quedaron viendo. La puerta la tenía que abrir yo.

Abrí y ella estaba ahí, ya en pijama. Yo no pensaba quitarme la ropa a esas horas de la ya casi mañana. Me miró de arriba a abajo, su mirada no era la clásica mirada de "te estoy viendo" más bien era una mirada de "te estoy viendo con refinado rayo láser que mis ojeras enmarcan" creo que tragué saliva, demasiada. Nunca una mujer me había visto o si alguna vez pasó nunca me percaté. En qué pensaba cuando le dije "Lo que quieras" ...después de todo al decir un beso se había visto muy amable.

-Pasa, no quiero imaginar si las monjas pasan mientras te pague mi deuda.

-Pues no que tú también ganas...

Me tomó por el cuello, sentí como me olía y sentí como mi estómago era un vil revolucionario, como un adolescente que ha descubierto la palabra utopía. Jamás en mi vida había besado a una mujer. Seré objetiva era muy guapa, no por nada me habría gustado usarla en mi clase de foto, no por nada le dejaban tan buenas propinas. Creo que olfateó mi miedo. Si quieres me quedo con tus botes de nutella me -dijo al oido. No, si quiero pero... y en eso sentí como acerba su boca  a la mia, y fue una especie de pequeño tutorial en el que el mundo se me redujo, me olvidé de mis compañeras de cuarto, de las monjas, de todo.

-Ves como no pasa nada

Perdón pero pasaba y mucho. Ahora si ya me puedes besar, me dijo.

¡Gracias por el tutorial de como besar a una mujer para pagar apuestas y no morir en el intento! pero nunca me ha gustado que me reten porque mi ser no lo soporta. Entonces la besé y ese beso llevó a muchos besos más.

De repente dejé de regresar los fines de semana a mi casa, se volvieron espaciados. De pronto estaba en ese exclusivo bar viendo los eventos desde algún lugar privilegiado en la barra. De repente tenía a la modelo para mis fotos solo que ya no llevaba clase de fotografía y ni por ocio se me ocurrió sacar alguna . De repente estaba citando ingredientes de una cantidad considerable de martinis para que ella me dijera que martini era o me oía recitando la lista de martinis para que ella me dijera como prepararlos. De repente ella visitaba los edificios en los que nos movíamos los estudiantes de periodismo, de repente conocía los edificios de los estudiantes de relaciones públicas. Y de repente comencé a volverme mejor con las cartas, le gané con cierta frecuencia y ella no era de las que se dejaba ganar.

De repente ella se dio cuenta que mis manos temblaron de una manera casi incontrolable cuando las puso sobre su pecho y de repente llegaba y me plantaba pequeños besos en la facultad donde sea que me encontrara: lo mismo daban unos pasos antes del laboratorio de foto, que clase de análisis político con la maestra más conservadora.

Así como llegó, un día ya no estuvo. Un día se fue. Nunca me dijo "quieres ser mi..." o "somos ...", nunca se lo dije: no sé si porque la veía por encima de mí: mayor e independiente o por qué, no sé por qué no lo hice pero tampoco me arrepiento de no haberlo hecho. Nunca intercambiamos correos, ni números de celular. Creo que porque vivíamos en la misma casa: diferentes pisos, diferentes cuartos pero misma casa. Misma casa en la que comíamos juntas, veíamos, casi nunca, la televisión juntas, nuestras áreas comunes eran las mismas y nuestros horarios en teoría eran los mismos. Nunca nos mudamos al mismo cuarto, aveces veíamos programas por internet y alguna invariablemente se quedaba dormida. Una vez me llevó cargada hasta su cuarto, me había quedado dormida en la biblioteca haciendo tarea.

-Perdón pero aunque no pesas, ya no podía subir tantos pisos, duérmete, aquí me quedo o si no puedes dormir me voy a tu cuarto.

Más dormida que despierta le dije que como quisiera. Se fue a mi cuarto, cuando desperté me fui a mi cuarto a bañar. Nunca paso nada más entre nosotras.

No me di cuenta cuando se fue, tampoco supe cuando fue su graduación. Se fue sin más,  no volví a saber de ella. Así como un día me impactó en el comedor al notar su presencia, así me impactó cuando me percaté que ya no vivía en el mismo lugar que yo.

Tiempo después, el día menos inesperado la vi a lo lejos. Mi cerebro me decía que me fuera por la acera contraria pero mis pasos se dirigieron a su encuentro. Tenía ese rostro que siempre me pareció tan digno de salir a cuadro. Ella llevaba una carreola con un bebé que no rebasaría los 3 años.
Nos topamos de frente. Nos saludamos de una manera amable, mi estómago se contrajo de nuevo como un revolucionario, como se preocupa un adolescente cuando ve que el acné comienza a salir. Se acercó, sentí como me olió, casi como aquella primera vez, solo que esta vez se acercó sabiendo el terreno que tocaba y al mismo tiempo con mucha cautela, mis nervios existían pero distaban mucho de ser como los de aquella primera vez.

-Hueles al mismo perfume
-Porque uso el mismo perfume
-Más bien creo que lo que bien se huele jamás se olvida

Vaya, parecía que sí me conocía, nunca pensé que hubiera reparado en el aroma de mi perfume... En qué otros aspectos habría puesto atención...
-Voy a tomar eso como un cumplido...
-...Es mi hijo
-órale que bien. ¿Te casaste?
-Algo así pero no funcionó
-Qué pena, así esto del abarrote., aveces te dan puro garrote. Y si te juntaste por un rito ancestral, cual es el problema....

De nuevo mis frases domingueras para salir al paso. No sabía realmente como reaccionar.

-...Te ves distinta.
-Soy la misma
-Estás con alguien. Alguien hombre, alguien mujer, alguien...
-Nadie pero de estar sería mujer
-No me he vuelto a involucrar con una mujer desde ti
-Otro halago. Dime si hago mal en realizar mis propias consideraciones...Bueno, qué gusto verte, qué sigan bien (el bebé y tú). De verdad me dio gusto verte. Ah y felicidades por tu graduación, no supe cuando fue pero felicidades.

Ahí estaba de nuevo: amalgamando todo en una frase inconexa: una frase digna de un análisis sintáctico: llena de subordinaciones, lo cual significa que era  presa de mis propios nervios y tenía un miedo terrible de que mi boca se convirtiera en recto y: cagarla

-Por si alguna vez te lo preguntabas, cuando estuve contigo no estuve con nadie más, me tomé las cosas enserio, espero no haberte dejado escamada para con las mujeres. Ya sabes por una la llevamos todas
-Para nada... y enserio fue un gusto
-Qué fue un gusto
-Verte y ...haber compartido ese tiempo contigo, en serio (y acerqué mi mano al corazón) Digo, podría decirte que te pueden dar un premio por haber compartido tiempo conmigo, no sé muchas cosas, y en ese entonces nunca había besado a una mujer, por ejemplo. ¿Te dejé escamada?

Sentí que fue la primer y única cosa coherente que dije

-Lo mismo digo y de verdad fue un placer, me encantó compartir ese tiempo contigo, te digo que desde ti no he estado de ninguna manera con otra mujer (e imitó mi gesto de llevarse la mano al corazón) Fue una sorpresa muy agradable verte.


Y no volteamos, o por lo menos yo no eché la vista atrás.

-Perdón madre pero no, no sé donde pueda encontrarla. Lamento no poder ayudarle.
-Un correo, un número de celular.
-Madre, no sé donde pueda encontrarla. Y si no la encuentran debe ser porque no quiere que eso suceda.
-Perdón hija no quise incomodarte.
-No se preocupe, pero si le sirve de algo hace años que no la veo.
-Pero si la recuerdas, ¿Verdad, hija?


...Y como olvidarme de ella....



                                         (Post que se negaban a salir del área de borradores)

3 comentarios:

MariZ dijo...

wow que intenso !! me encanta como escribes, eres muy buena ;D

Pamela R dijo...

Una vez más me sorprendes, cuando pienso que he leído tu mejor post bienes y escribes “Pero si la recuerdas…”

Una llamada que provoco un flash back en la memoria de una de las protagonistas de la historia, con un fino toque erótico, que no cualquiera puede describir en unos cuantos párrafos.

Me gusto todo de principio a fin, pero mi “escena” favorita es cuando Diana se quiere cobrar la apuesta, creo que porque me gusto el detallas ese instante y probablemente también se deba a que no puedo evitar percibir, oler a una persona que tengo cerca y ese aroma ya sea agradable o desagradable se queda grabado en mi memoria.

P.D: Esté post a sido mi postre después de comer y me supo riquísimo.

Marlene dijo...

Que estupendo post!!! MAGNIFICO! me encantó el corte que haces para dejar a la monja en Standby en el teléfono e irte a contar la historia. Vi cine, te juro que vi una escena de cine y me encantó.
Me gusto mucho el fragmento donde dices "de repente esto.. y de repente lo otro" muy bueno, porque se concentran varias escenas ahí y uno puede verlas.

y cuando la encuentras en la calle y hablas temiendo haber dicho algo imprudente. La mano en el corazón. y ese caminar tuyo sin voltear atrás.
Perfecto, simplemente perfecto niña.

Me emocioné. Gracias por escribir así. MUCHOS BESOS!!!!