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miércoles, 2 de mayo de 2012

No hay que dejar ir los aspectos básicos

Sí, apenas hace un par de días se celebró en muchos países el día del niño y ese mismo día fue día mundial del jazz. Sin restarle la importancia al jazz, lo que da origen a este post es que cuando yo fui niña: si bien mi mamá no me gritó muchas veces que ya regresara a casa porque no salía mucho de ésta y porque a ella nunca le ha gustado pararse en el marco de la puerta o del portón y gritar. En mi infancia me tocó ver con gusto los comerciales de los juguetes mi alegría e incluso disfruté de lo lindo con mi juego de química. Vi "los cuates de provincia en Chabelo" y mi mamá no entendía qué afán me tenía despierta a tan temprana hora y en domingo.  Veía los supersónicos y sí, me imaginaba que así sería el futuro: autos que volaban, robotinas por doquier, diarios electrónicos y vaya, los supersónicos no podían plasmarlo mejor. Aunque aveces vi dicha caricatura enfundada en mi playera de los pica piedra (Gracias Hanna Barbera).


Mi mamá guarda con celo álbumes de fotos, esos en los que hay registro de: las piñatas, la boda de oro de mis abuelos, las primeras fotos de la familia (muchas de eventos especiales como fiestas, tal o cual celebración, o esa comida en la que se juntaron todos) fotos polaroid del circo. Muchas, si no es que el 99.99% fueron tomadas con cámaras lomográficas, que no es otra cosa que una cámara "como las viejitas" antes de las digitales. Lomo fue una marca muy famosa. E caso que ahora se designa el término lomográfica para referirse a dichas cámaras que tienen ese mecanismo clásico: insertar un rollo, por lo general de 35 mm, luego llevar a revelar e imprimir las fotos.  Claro, se abría la cámara, se destapara con cuidado en bote que contenía la pelicula, se insertaba en el carrete, se corría hasta que estuviera bien colocado en su sitio, y había que girar de modo manual para tomar cada una de las fotos. Cada una, era sumamente cuidada, cada una un momento especial, único. Así bien, los rollos se cuidan en cada una de sus exposiciones. Si acaso habían una o dos hasta 3 fotos de "prueba" extra.  Una vez que se acababa el rollo de "momentos kodak" había que ir a un centro de revelado, esperar unos días y entonces recoger esos 12, 24 o 36 tesoros.

Pasó el tiempo, las cámaras se fueron modernizando. Recuerdo que incluso por mi casa pasaban señores que te pedían tus rollos, ellos los revelaban e imprimían y te llevaban las fotos a tu casa. Esto por un afán de que los rollos no quedaran en el olvido, camuflados en un cajón de chunches.Esos señores dejaron de pasar, como dejaron de pasar los señores que ofrecían hacer "retratos de caritas" del bebé de la casa, para entonces: las cámaras modernas iban ganando terreno. De pronto, sin percibirlo nos invadieron las cámaras digitales y como a lo bueno y a lo cómodo se acostumbra muy bien uno: nos olvidamos de los rollos, de los centros de revelado e impresíón y nos volvimos principiantes en eso de buscar una buena cámara, al principio y la mayoría "una de las nuevas" "una digital" sin importar zoom, pixeles, el lente, el flash...solo que fuera una de las nuevas. Antes, o almenos mi mamá lo hacía: se consideraba el flash, el tipo de rollo y las exposiciones que permitiría, el lente y sus ajustes y demás. Pero todo se fue. Los centros de revelado e impresión se fueron con la velocidad que las cámaras digitales se introdujeron al mercado y se volvieron accesibles para todos.

Las cámaras lomográficas son un tesoro, son como la playera gris con el mickey mouse en blanco y negro, esa que ya casi no se produce: es que tienen unos pocos, esos que saben que mickey primero fue carente de color y sus facciones eran menos estilizadas. Lo mismo pasa con las cámaras: están para unos pocos.



En mi cumpleaños me regalaron una HOLGA lomográfica hermosa con un flash exquisito, unos filtros obscenos. Mi mamá quiso ponerle el rollo: un ritual que tiene perfectamente dominado y que disfrutó horrores porque jamás se ha adecuado a las cámaras digitales. Un día, le presté mi cámara semi profesional, juro que la dominaba, regresó sin una sola foto. Dijo "No supe exactamente en qué momentos dispararla, a esa memoria le caben tantas fotos que no disfruté el evento". Cuando vi la HOLGA mi mamá estaba feliz. Me la pidió prestada y no daba crédito que aun se vendieran ese tipo de cámaras. Pues sí existen. Mi primo, no ubicaba el mecanismo. Se le hizo lo más rudimentario del mundo.  Una amiga, cuando tuve que recorrer el rollo me dijo "es que ya se me había olvidado" y así nos pasa a todos, se nos olvida muchas veces el origen, el mecanismo básico, desdeñamos porque vemos desde una zona de confort en la cual creemos hemos estado siempre.


Las cosas no desaparecen, las desaparecemos, muchas veces. Nunca hay que olvidar nuestros orígenes, los origen. Nunca está demás volver a lo básico y hacerlo cuando lo podemos hacer e incluso sentir que somos parte de un avance y que hemos sido parte de una época incluso cuando recorremos un rollo.

2 comentarios:

Pamela R dijo...

Con esté post recordé bellos momentos de mi niñez. Los supersónicos es una caricatura que me gustaba mucho.

Me gustó que empezaras hablando un poco de tu infancia y de ahí a hablar con tanto cariño, de la aventura que es tomar una fotografía.

Las cámaras nos dan el privilegio de captar imágenes, generalmente de momentos alegres, sí, de esos pequeños instantes que no queremos olvidar.

Un post que muestra la pasión que tienes por la fotografía, simplemente genial.

Jinete_Enmascarado dijo...

que chido una holga, yo recuerdo las foos que tomaba con mi camarita kodak y las dos semanas que se tardaba el centro de revelado y como habia que aprovechar cada foto de las 36 que venian en el rollo

pero aun asi no cambio la modernidad y benditos sensores digitales

saludos