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martes, 30 de octubre de 2012

Las colaciones de Cata.

Cuando iba a la guardería, Cata era la encargada de la cocina. Ella nos daba de comer y  muchas veces, por lo menos a mí, me ayudó alcanzar el lavabo en el baño.
Sabía que la colación, esa bebida de frutas naturales, que me fascinaba, era mi delirio.
A veces no tenía hambre y ella me insistía en comer un poco. A veces solo piqué el plato. Ya después mi mamá habló con ella, porque vivía cerca de nuestra casa, y le dijo que mi abuelita siempre me mandaba a la guardería terminando de comer, por lo que era normal que no tuviera hambre o que solo quisiera el postre. Eso sí, la colación nunca la pasé por alto.


Cata era la cocinera, ella no tenía que ocuparse de si comía o no pero lo hacía y de muy buen modo.

Cuando pasé a 2 grado de preescolar ya no iba a la guardería, no sé si por la edad o por qué, pero dejé de asistir. Esto implico que Cata ya no me llevaba comida a la hora del receso y la consecuencia fue que lloré amargamente y sin consuelo porque cuando Cata fue ya no me dio mi vaso, un poco más grande que el resto, rebosante de colación. Ella habló con mi mamá y aunque ya no me correspondía, todo ese año y el siguiente Cata me llevó un vaso lleno de colación, aveces hasta me llevaba gelatina pero a mí con la colación me bastaba.

Aunque vivía cerca de la casa nunca la vi por el rumbo y aún ahora me parece extraño que eso no pasara. Para mí Cata era ese ser bondadoso, abastecido de colaciones, enfundado en esa bata blanca que ahora sé era una filipina. Cata con su piel blanca, su cabello corto y esa complexión rolliza, Cata que siempre sonreía.

Cuando salí del kínder, la dejé de ver, no recuerdo que mi mamá haya tenido alguna platica conmigo referente a la inexistente colación desde ese momento en adelante pero si recuerdo mi cilindro repleto de agua de alguna fruta...creo que fue el método para no extrañar la colación.



Pasados los años me la topé sin querer. Saliendo de las clases de natación acompañaba a mi mamá a unas clases y como antes de irme a las clases solo comía algo ligero, mi mamá me dejaba ir por unas galletas o un jugo a la tienda cercana. Resultó que la tienda era de Cata y su esposo, hasta ese momento nunca imaginé a Cata con un esposo, nunca la imaginé en otro lugar que no fuera la guardería. Cata se negaba a cobrarme lo que tomaba de los distintos aparadores, yo me negaba a consumir los productos sin pagar. Llegamos a un trato: las frutas que me daba eran un regalo pero lo que fuera a comprar se lo pagaría peso a peso. Y fue así como retomé el contacto con ella. Supe que ya no trabajaba en la guardería y teníamos platicas de todo y de nada.  Su esposo se reía porque me veía muy chica y a Cata muy grande pero eso no nos impedía sentarnos en las gradas de la entrada y platicar. A veces, muy pocas, contadas veces, le ayudé a despachar, creo que las veces fueron pocas pero me daba pena y a Cata le daba pena que le ayudara. ¡Bonito par de penosas resultamos!

Un día fue mi mamá conmigo y Cata le dijo lo que a mí no me había dicho ninguno de todos esos días: "tengo azúcar" así se lo dijo: tenía azúcar. Yo no entendí. Lo primero que se vino a mi mente fueron las galletas con chispas de chocolate que me gustaba comprar en la tienda de Cata. Mi mamá me explico que era una enfermedad y que si Cata se cuidaba iba a estar muy bien.

...Cata tenía azúcar, no lo terminaba de entender, ¡cómo si Cata fuera un pan! que lo más literal de la expresión no lo era pero en lo más figurado sí.


Mi curso de natación terminó y dejé de ir a las clases con mi mamá, dejé de ver a Cata.


Pasados muchos años la vi afuera de su casa, la cual queda muy cerca de mi casa, más cerca de lo que creí. Estaba en silla de ruedas. ¡Cata! le grité agitando mi mano, y en lo que correspondía a mi saludo se acomodaba una cobija sobre el muñón de su pierna.  No sé por qué las amputaciones me carcomen lo que siento que es mi alma. Me regrese a la casa y sentía el pecho oprimido. Cuando vi a mi mamá le dije

"Vi a Cata y le cortaron una pierna" mi mamá dijo "fue la diabetes, el azúcar, como dijo Cata" y entonces sí ya no vi jamás a Cata, ni en la tienda, ni afuera de su casa ni en ningún otro lado.

Un día le pregunté a mi mamá y a una tía si la habían visto e incluso fui más osada al preguntar si sabían si Cata seguía viva. Mi tía me dijo que sí, pero que ya le habían amputado ambas piernas. Creo que tragué demasiada saliva para contener las lágrimas. Dijo mi tía que un día la vio y estaba arriba de una camioneta y le dijo "no me puedo bajar, pero aquí ando, hay que echarle ganas". Lo único que alcancé a decir es que tal vez no le gusta salir, ni en la silla de ruedas, a ningún lado. Eso es lo único que me digo para entender el que no la vea si vive a una calle de mi casa.


Cata tiene varias hermanas, son muy amables; nunca les he preguntado por Cata pero con frecuencia veo a una, cada tanto, cargada de pañales para adulto, supongo que son para su hermana.

Hoy creo que la vi a lo lejos, arriba de un carro, un datsun de esos que ya casi no hay. Su rostro, blanco amable, su cabello corto e intuyo, su todavía complexión rolliza.


¡Cata tiene azúcar, como si fuera un pan, pensé! como el pan que es y como el tipo de azúcar que no debería padecer.

Viviendo con ganas, así espero que esté...y aún con algunas extremidades menos espero que conserve toda la dulzura que tenía, toda esa amabilidad con la que la recuerdo, todo ese cariño y su sonrisa grata...tan grata y dulce como la colación que me servía.


30 oct 2012. 6:59 PM,

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