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lunes, 8 de julio de 2013

Porque aveces me caes mal, te detesto, me detesto.

No me da pena admitir que con todo y tu ropa mal fajada, tus bermudas a media nalga, tus tenis sucios y esa mata de cabello enmarañado que muy pocas veces vi en orden, que te extraño muchas más veces de las que pueda admitir.


No sé si leíste ese mail, que si bien no me costó mis dos ovarios escribirte, si me costó: no sé exactamente qué, pero me costó: quizá fue el enfrentamiento a la hoja en blanco y la oleada de recuerdos: las veces que vimos amanecer, los conciertos, el ir a buscar algún tesoro entre las tarimas repletas de ropa en el mercado (todo antes del boom vintage) O ir al centro comercial y ver y ver el acervo de películas y no saber cuál llevar o llevar todas o no comprar ninguna y esconderla para con ese dinero comprar unas cervezas. No sé si fueron los recuerdos de los gritos desenfrenados que nos sacaba la lucha libre o el no pasar por alto tus burlas cuando no podía ni con la canción más sencilla en el guitar hero, claro, siempre me tuviste paciencia pero eso no quita que te burlaras de mí, porque tú podías con canciones bien complicadas.


No sé si me pesó ese dejó de mamonería que a veces te caracterizaba o esa eterna pregunta de hasta dónde  nos hubiera llevado el gas que tenía el tanque de tu camioneta.  Tampoco sé si fueron las carcajadas de solo recordar que hice que te comieras un raspado de vainilla con cajeta para aliviar "tu cruda" o las carcajadas porque te dormiste a tus anchas en la cama y me relegaste a un pequeño espacio. O si son las risas de las veces que escuchamos una canción de café tacuba ininterrumpida mente y fuimos testigos del cortejo más ridículo que pudimos ver hasta ese entonces.

Luego cantamos con cafeta a todo pulmón, todo el concierto y saliendo comimos hot dogs como si no hubiera mañana y que bueno porque no lo hubo.


Tampoco sé si es el recuerdo de esa botella de vino tinto que entre sorbo y sorbo y "ah qué sabroso" dejaste vacía.

No sé si se me hace pasa todo el ser de recordar las bromas que te hacía mi abuelo. O no sé si se me complica todo por ese romance que tuvimos, producto de la mente de no sé quién.


Y cantar a todo pulmón, y comer comida barata, bajar los vidrios de tu camioneta y sentirnos los amos del camino. O correr como todos unos atletas porque decidimos que debíamos salirnos sin pagar, solo por retar nuestros niveles de adrenalina, por probar la juventud de nuestro sistema cardiovascular.


Y te me apareces de repente, cuando menos lo espero. Y te maldigo por perder mis peliculas y cuidar como tesoros las tuyas, te maldigo como maldigo los resortes de tus boxers y no hacerte jamás un buen clazón chino. Te maldigo por lo estúpidamente bien parecido que te veías peinado y enfundado en tu traje plateado. Te maldigo porque nuestros pies izquierdos si se llevaban bien, porque sabías que una vez que me subía a cantar a la barra no iba a existir poder humano que me bajara. Te maldigo porque perdiste la playera de los pumas que me compraste en el  cervantino y hasta las momias de dulce se te perdieron y solo me trajiste las intenciones.

Me maldigo por no quitarte la trilogía de los colores, me maldigo porque podíamos llorar como niños viendo cinema paradiso, aunque fuera la vez número 20 y ahora lloro sola.


Detesto que ya no pudimos ir a la feria a llenar nuestros estómagos de panecitos de esos que venden los chinos: esos que saben a hot cakes pero que son panecitos chinos.

Detesto que ya no podemos cantar a todo pulmón, esas canciones que al resto le parecían raras, que éramos como Joaquín Sabina: a qué feo cantamos pero por interpretación y sentimiento no paramos.

Porque nunca me tocaron tus diarreas mentales, porque tus amigos me cagaban tanto como te cagaban los míos, porque te fuiste de la manera más vil por el motivo menos trascendente, porque nunca entendiste los tiempos y espacios.


Porque nunca vas a perdonar mi homosexualidad, porque nunca voy a perdonar que hayas perdido trainspotting, y que hayas perdido mi playera de los pumas


Y claro, como olvidar que cabía por la media ventana de tu camioneta para sacar las llaves cuando las olvidaras. Y tuvimos que ver Harry Potter por separado y seguir haciendo todo cada uno, aveces dando manotazos a los recuerdos.

1 comentario:

Pamela dijo...

Las amistades entrañables es a lo que me remite este post. He perdido el contacto de amigas muy importantes para mí, a veces me pregunto si algún día las volveré a ver o si todo lo que teníamos que vivir juntas ya pasó.

En ocasiones las extraño mucho, espero que la estén pasando bien, viviendo su vida al máximo como lo solían hacer. Siempre estaré agradecida aprendí mucho de ellas, dejaron una huella importante en mi vida.

Siento nostalgia