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viernes, 14 de marzo de 2014

De lo profundo

Todos, afortunadamente, somos muy distintos (aunque a ratos no lo parezca) ...tuve una relación de casi tres años, aunque si debo ser formal fue de 2 años 4 meses, si debo ser diarreica y patética fue de 2 años y menos de cuatro meses ,esto lo digo porque el declive se da tiempo atrás. Fue doloroso, sí; sentí que me quedaría cavando hacia lo más profundo y oscuro de mí. Preguntas sin respuestas y desapariciones casi mágicas. No me da pena reconocer ni admitir que lloré como hacía mucho no lloraba: como un bebé que se ciñe y  acurruca al regazo de su madre, la invade de lágrimas, de sollozos, de mocos...que le lloré como no le había llorado a ningún amor.

Todo se me desordenó. Se me fueron las ganas de todo: de todo y tanto todo no es con afán reiterativo, es para dimensionarlo. Tenía un interminable cuestionario sin respuestas, una última llamada escueta que no me resolvía nada, que solo me generó gastritis y la sensación de que el alma se me hacía girones.
Me mudé al cuarto de mi madre, me sujeté del control de la televisión: solo vi en automático programas de todo tipo, películas rancias y palomeras buscando evadirme, tratando de encontrar las respuestas a mis preguntas en anuncios de productos, en canciones que usualmente no escucho o en esas que me obligaba a escuchar para extirpar el dolor, dando reproducir una y otra vez, y de nuevo.

Sinceramente tuve mucho miedo: de quedarme estancada queriendo el recuerdo de alguien que tal vez en algún momento sí me quiso pero ya no. Esa idea me causaba repulsión, rabia, frustración, sentía que me paralizaba o tal vez sí me paralicé. En todos lados me preguntaban por ella y sentía como si me carcomieran.

Mi sueño: se fue, ya no dormía. Por las noches vi temporadas completas de diversas series, no dormía ni a ratos, mis ataques de ansiedad volvieron y con ellos volvieron los tafiles.  Sentía que me llevaba la chingada, que estaba más cerca de lo que imaginaba, que su ubicación queda más cerca cuando te mandan que cuando mandas. Andaba como un zombie, lloraba con una facilidad que coquetea con lo ridículo. Dejé de ocuparme de mis cosas, rumié mi dolor un buen tiempo. Ya no me preguntaban cómo estaba porque el semblante me delataba y el sarcasmo se agudizaba. Incluso consideré hacerle un serio reclamo a mi abuelo, a él que me decía que bastaba con llorar tres días y yo ya llevaba más de tres... llevaba bastante tiempo y sentía que cavaba hacia el fondo, ya había comido mucha nutella, visto muchas peliculas y esos tafiles que llegaron a hartarme de solo saber que los tomaba porque no era capaz de re ubicarme, de tomar el timón de mi vida y esa frase de ella que me retumbaba "yo tenía una vida antes de ti y no la voy a cambiar" y el "yo no te voy a rogar" y en cierto sentido tenía razón: nunca quise que me rogara, ni ser el centro de su vida.

Ya no sé cuántas veces, distintas personas, me dijeron "otra vez estás llorando", o la cantidad de veces que las lágrimas se me derramaban, sin poder contenerlas.

Y yo: estancada, el aire me quemaba, no llenaba mis pulmones, hacer cardio no me ayudaba y sí: yo también tenía una vida: una que solo es una, que no retoña, que es lo suficientemente buena como para gastarla ingiriendo tafiles y pastillas para conciliar el sueño.En algún punto de la vida me quedó claro que mi bienestar depende, efectivamente de una persona: de mí. Una vez la entrenadora me dijo "te acuerdas cuando te dije que para quien trabajabas ese cuerpo y me dijiste que para ti, pues esto es por ti" y activó mi botón de amor propio.


Volví a correr como cuando comencé: sin parar y terminando la carrera empapada de sudor y de llanto. Un día me harté, decidí ya no llorarle más porque entendí que el amor es recíproco que va en dos vías y¿ si ya me habían mandado al carajo qué caso tenía seguir atesorando ese amor que ya solo era un resquicio de recuerdo? Ese día le lloré tanto hasta que sentí que se fue de mí, limpié todas las lágrimas que corrieron, me fui a correr con la firme intención de que al terminar estaría mejor. Me fui depurando.Un día me levanté y me sentí mejor. Ese día decidí que no sería una yonki tafilera, me cayó el veinte de que puedo estar bien conmigo: siempre he sabido estar sola y estando como estaba jamás iba a poder estar con alguien, no se me iban a acercar ni las moscas. Aparte había comenzado un tratamiento y estaba casi a la mitad de otro que de permanecer triste, la medicina no iba a surtir efecto. Ya no quería estar triste pero si la tristeza iba a llevar un proceso no quería estar triste y enferma.


Siempre he sostenido que no puedo expresarme mal de alguien con quien por voluntad compartí todo ese tiempo de mi vida, alguien que me hizo crecer (no sé si ella pueda rescatar algo o si le haya aportado algo), al final me volví una mejor persona ... el amor se corresponde no se agradece pero como amor ya no hay: agradezco lo que me dejó. Un día le agradecí al universo todo lo bueno y lo malo que ella me dio, la dejé ir, la dejé libre, me dejé libre, le mandé mis mejores deseos. Le agradecí al universo, la oportunidad de coincidir, de tal vez y solo tal vez haberle aportado algo como ella lo hizo conmigo.

Eché de menos un peluche, aún lo echo de menos,  era mi hijito y  nunca lo tuve conmigo, me quedé con un león que me robó el corazón cuando lo vi acomodado en una taza ahí medio al olvido y lo acogí como mio...


Entendí que hay respuestas que nunca voy a tener, que aunque no comparta las elecciones de las personas las respeto. Entendí que cometí muchos errores, que el amor no es suficiente, que de pronto así como uno llega te suprimen de todos lados, sin más, sin aviso.

Me obligué a dejar los tafiles, las pastillas para dormir: retomé mis actividades y todo llegó por añadidura, todo se fue acomodando, volví a correr por gusto: disfrutando el aire que golpeaba mi cara, disfrutando incluso las cuestas, disfrutando la sensación del aire llenando mis pulmones,....todo fue regresando a su sitio.Todo ha ido mejorando. A pesar de que casi me atropellan y sí me llevé un buen golpazo , a pesar de un esguince que me sacó lágrimas cuando menos pensaba.


Entonces sin que me diera cuenta, de una manera casi imperceptible: aparece en escena, alguien que vivía una historia un poco paralela a la mía, a que comenzó a importarme y comencé a querer, que no sabía si ella sentía lo mismo o algo parecido pero le agradecí a la vida el gesto porque me di cuenta que no estaba tan rota como creía o si lo estuve ya me había pegado (porque oportunidades y propuestas de todo tipo no me faltaron) pero no soy así: no soy de acostones ni coqueteos de un rato. Llega, me doy cuenta que puedo ser empática con alguien, que aún siento, que puedo involucrarme, que su sonrisa no es el mundo (aunque a veces así me lo parece) pero hace que el mundo sea mejor, o por lo menos mi  percepción de este.

Que puedo existe la sensación tibia del alma...

Que hay que disfrutar y dejarse llevar: día a día.

Tal vez soy una ridícula, enamorada e idealista pero sigo creyendo en el amor, si dejara el amor de lado por las veces que me ha ido "mal" en el amor, debería ser mínimo una mujer amargada que no me soporto ni yo, pero no es el caso.


...gracias por todo y por tanto
por tanto y todo...

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