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jueves, 19 de febrero de 2015

La pinchedad no tiene límite

El año pasado, sin que entre en detalles, pasaron eventos detestables que me obligaron a tomar decisiones drasticas. Si bien se  vio involucrada mi ex, su actual, obviamente yo (yo principalmente) y mi novia (mi novia preocupada por mí, afortunadamente ella nunca se vio involucrada) pero la que llevó todo el paquete, toda la presión fue y ha sido mi mamá y eso no es justo, ni todo lo anterior. No es justo porque per se no lo es pero cuando viene de gente que uno no conoce es lo doble de injusto.

Uno no elige muchos aspectos que nos conforman, la orientación sexual tampoco la elegimos.

A mí no me importa que me digan lesbiana y que al lesbiana le precedan muchos adjetivos denigrantes y despectivos tampoco me importa porque eso habla de las personas que emiten el comentario no de quien lo recibe.

Actualmente el panorama es distinto, fueron unos meses asquerosos, imposibles de llevar...la factura la ha pagado mi mamá. Obviamente a mi me castra la madre que eso suceda, es imposible, te rompe la madre, me rompe la madre.

Esto solo lo escribo someramente porque necesito hacerlo. Pero les voy a decir que he aprendido de todo esto: he confirmado que quienes te apoyan te apoyan siempre, sea lo que sea, por sobre quien sea y uno no va cambiar lo que es porque a alguien no le parece.

Sean felices, sean quienes son y cuiden y quieran a los suyos...y si se tienen que romper la madre en el camino no importa, no hay que darle el gusto a nadie.

Lo anterior no impide que sienta una gran molestia, un encabronamiento indimensionable por la factura tan alta que mi madre ha tenido que pagar.

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